México se ha consolidado como uno de los ecosistemas fintech más dinámicos de América Latina
Desde la promulgación de la Ley Fintech en 2018, el país pasó de un sistema financiero tradicional y excluyente a un entorno digital más abierto, competitivo e innovador. Para 2026, el sector no solo representa crecimiento económico, sino una palanca estratégica para inclusión financiera, eficiencia y transformación estructural.
La Ley Fintech (2018) marcó un hito regulatorio pionero al formalizar el ecosistema, habilitando innovación e inclusión financiera, aunque introduciendo procesos de autorización complejos que elevaron la barrera de entrada para nuevos jugadores.
Actualmente, México supera las mil empresas fintech activas, con fuerte presencia en pagos digitales, crédito alternativo, banca digital, open finance y criptoactivos. Tras la pandemia (2020–2022), la digitalización forzada aceleró la adopción de pagos electrónicos y banca digital, validando modelos fintech frente a la banca tradicional.
Este crecimiento responde a una demanda estructural: millones de personas no bancarizadas y PyMEs que requieren soluciones más accesibles, ágiles y personalizadas. En este contexto, el avance hacia open banking y open finance, vía APIs, abre oportunidades competitivas, aunque su potencial sigue condicionado por regulación secundaria pendiente y asimetrías en el acceso a datos.
En el plano regulatorio, México ha evolucionado hacia esquemas de “flexibilidad vigilada”. Entre 2024 y 2025, se incorporaron ajustes que contemplan inteligencia artificial, scoring alternativo y finanzas abiertas, reforzando la supervisión por parte de la CNBV y Banxico sin frenar completamente la innovación.
De cara a 2026, las tendencias clave son claras. Primero, el escalamiento de pagos digitales y wallets como infraestructura financiera básica. Segundo, la inteligencia artificial como ventaja competitiva estructural en crédito, fraude y experiencia del cliente. Tercero, el embedded finance, integrando servicios financieros en plataformas no financieras.
Paralelamente, el mercado entra en una fase de consolidación: menos startups experimentales y más scale-ups, con fusiones, adquisiciones y alianzas banco-fintech que marcan el paso de exploración a madurez operativa.
Los desafíos siguen siendo relevantes. La ciberseguridad y la protección de datos se convierten en prioridades ejecutivas ante el aumento de fraudes y ataques impulsados por IA. La confianza del usuario emerge como variable crítica de sostenibilidad.
De cara a este año, el fintech mexicano en 2026 no se define solo por tecnología, sino por impacto. Innovar con responsabilidad, escalar con cumplimiento y poner al usuario al centro será clave para consolidar el liderazgo regional y fortalecer la inclusión financiera como política económica efectiva.
Armando Tapia Gallegos
CEO& Owner en Acámbaro, con más de 25 años de experiencia.