Ir al contenido principal

Mundo Fintech

La «última milla» de los pagos apuesta por México

TMSourcing

Mientras Latinoamérica se fragmenta en múltiples rieles de pago, una plataforma tecnológica busca ser la capa que los conecta.

Por Octavio Botella.

Tras procesar más de 25 millones de pagos en Chile, la plataforma tecnológica Radar prepara su expansión a México y Perú de la mano de aliados con licencia.

En entrevista con Mundo Fintech durante FINNOSUMMIT 2026, Amanda Jacobson, cofundadora y Chief Revenue Officer de la compañía, explicó cómo planea llevar a México el modelo que consolidó en Chile, por qué ve a SPEI como una tecnología de clase mundial y qué le falta a la región para operar como un solo mercado. 

Un continente de rieles 

Los pagos cuenta a cuenta (A2A) ya representan 23% del valor del e-commerce y 14% del valor en puntos de venta en Latinoamérica, según el Global Payments Report 2026 de Worldpay. Pero cada país avanza con su propio modelo: Pix en Brasil, Transferencias 3.0 en Argentina, SPEI en México, Bre-B en Colombia. 

Para una Pyme que opera en varios mercados, esa diversidad hoy es un problema operativo. Debe conectarse con infraestructuras distintas, con reglas y formatos propios, y tener un plan B si un riel de pago no funciona. 

La compañía chilena Radar, se define como una empresa de payouts: la capa que conecta a procesadores de pago y empresas internacionales con la infraestructura bancaria local para dispersar fondos.  

Sus números en Chile: más de 25 millones de pagos procesados por cerca de 3,000 millones de dólares, un ritmo de poco más de un millón de pagos al mes, conexión con siete bancos, un tiempo promedio de 10 segundos por pago y un uptime cercano al 100%. 

La última milla del dinero 

Mover dinero entre países parece sencillo hasta que se mira de cerca. Cada mercado tiene sus bancos, sus cámaras de compensación, sus formatos y sus reglas. Para una empresa global que necesita pagar a usuarios, proveedores o socios en Latinoamérica, integrarse banco por banco y país por país es lento, costoso y frágil. 

Ese es el problema que aborda Radar. Su plataforma funciona como una capa de orquestación entre las empresas que necesitan dispersar pagos y la infraestructura financiera local. Amanda Jacobson lo resume con una imagen precisa: 

«Nosotros somos la última milla de los pagos.» 

En lugar de que cada empresa construya y mantenga sus propias conexiones, la plataforma concentra esa complejidad en una sola integración. El objetivo de largo plazo es que una misma API permita dispersar pagos en toda la región.

Redundancia: cuando un banco se cae, el pago sigue. 

La innovación central no está solo en conectar, sino en elegir por dónde pasa cada pago. Al estar enlazada con varios bancos a la vez, la plataforma puede detectar un mantenimiento o una caída y redirigir la operación por otra vía, sin que la empresa tenga que intervenir. 

«En el momento que se detecta que hay un mantenimiento, que hay una caída, se puede mover con otros bancos.» 

El resultado se mide en dos indicadores que importan a cualquier operación de pagos: velocidad y disponibilidad. Según Jacobson, este modelo permite mover un pago en unos 10 segundos en promedio, con un tiempo en línea cercano al 100%. 

Para sectores como remesas, marketplaces o procesadores de pago, que no pueden detenerse cuando falla un canal, esa capa de continuidad deja de ser un extra y se vuelve parte del núcleo de la operación. 

SPEI y el verdadero punto de falla 

En México, donde casi todos los pagos pasan por SPEI, la pregunta sobre la concentración de riesgo es inevitable. La respuesta de Jacobson cambia el enfoque del debate. Viniendo de Estados Unidos, donde el sistema ACH es mucho más lento, considera a SPEI una tecnología de clase mundial por su operación en tiempo real, su ciberseguridad y su confiabilidad. 

El punto débil, explica, suele estar en otro lado: en los bancos y aplicaciones que se conectan al sistema. 

«Cuando uno dice ‘no puedo mover el pago todo el día’, es que tu banco o la aplicación pierde conexión con SPEI.» 

De ahí la lógica de la orquestación: si el riel central es sólido pero los accesos pueden fallar, la resiliencia se construye multiplicando los accesos. 

Una arquitectura que se adapta a cada país 

La plataforma no aplica un mismo molde en todos los mercados. Según la realidad de cada país, puede orquestar sobre varios bancos o conectarse directamente con las cámaras de compensación, como Banxico en México, la CCA en Chile o Bre-B en Colombia. 

Esa flexibilidad es clave en una región donde los rieles avanzan a ritmos distintos. Para la empresa que paga, el beneficio es que esa diversidad queda resuelta detrás de una sola conexión. 

Infraestructura que habilita la innovación 

La plataforma no atiende directamente a pequeñas empresas, pero su impacto llega hasta ellas. Al facilitar que las empresas de remesas y pagos internacionales operen en la región, abre alternativas a transferencias tradicionales como SWIFT, que siguen siendo lentas y costosas para las pymes que importan o exportan. 

«Somos la infraestructura que deja que la innovación para Pymes exista.» 

El horizonte: una Latinoamérica interoperable. 

Jacobson va más allá de su propia plataforma. Su visión es una región con rieles interoperables entre gobiernos, al estilo de la Unión Europea, donde una empresa no tenga que integrarse país por país para operar en México, Colombia, Brasil o Centroamérica. 

«Si tuviéramos un riel interoperable entre gobiernos, eso es lo que movería mucho más negocio en Latinoamérica.» 

Mientras ese riel común no exista, la plataforma cumple con la función de orquestar desde la iniciativa privada: conectar lo que hoy está fragmentado.

Datos de mercado