Por Octavio Botella.
Emisiones simultáneas en varios países, tarjetas respaldadas en criptoactivos y pagos iniciados por inteligencia artificial perfilan la próxima etapa de la industria; el reto pendiente es equilibrar el acceso al crédito con una morosidad al alza.
Hace no mucho, una fintech mexicana lanzaba una tarjeta, esperaba a que madurara en su mercado de origen y sólo entonces se animaba a salir del país. Ese modelo está quedando atrás. Hoy, cada vez más empresas emiten el mismo producto en varios países al mismo tiempo, y las fronteras que antes encarecían los pagos empiezan a diluirse.
«Lo que no pudimos hacer con los pasaportes, lo vamos a hacer con los pagos», resumió Pedro Blanco Pinto, Head of Business Development para Latinoamérica y el Caribe de Paymentology – procesador de emisión de tarjetas – durante un encuentro con medios en el marco de FINNOSUMMIT 2026.
A su juicio, «los próximos cinco años van a ser lo que fueron los últimos 20 en cuestión de cambios».
De la tarjeta local a la tarjeta regional
El directivo identificó dos cambios de fondo en el mercado durante el último lustro. El primero es de comportamiento: «antes era muy común ver las tarjetas en la cartera; hoy cada vez es más raro», porque el teléfono concentra casi todos los pagos y la emisión inmediata se volvió una exigencia.
El segundo es la regionalización: más que pagos transfronterizos en el sentido tradicional, la región avanza hacia pagos regionales, sin fronteras.
El ejemplo más visible son las tarjetas multimoneda que ya circulan en México, con distintas «bolsas» de saldo en varias divisas que se activan según el país donde se compra. A ello se suman empresas que crecen acompañando a sus clientes, como Jeeves, de tarjetas corporativas, que se expandió a Perú, Colombia, Brasil y Argentina.
La infraestructura ya lo permite, señaló, aunque cada país conserva reglas propias y «muchas veces muy diferentes entre sí». Blanco anticipó que vendrá una ola regulatoria sobre estos esquemas, como ya ocurre en Brasil.

Cripto como atajo para ser global
Parte de esa regionalización nació de la necesidad. En mercados como Argentina y Venezuela, donde enviar o acceder a dólares era muy difícil, los criptoactivos se convirtieron en una salida práctica y en una referencia de valor sencilla. De ahí surgieron las tarjetas con respaldo en criptoactivos, que hoy están «muy en boga».
Su mecánica es simple: el saldo se mantiene en un criptoactivo; al comprar, se reserva el monto equivalente y, una vez aprobada la transacción, se convierte y se liquida a la red de tarjetas. La conversión la realizan empresas especializadas, mientras el procesador configura el producto: moneda, límites y capacidades.
La señal de que no es una moda pasajera, dijo, es que Visa y Mastercard ya comenzaron a aceptar liquidaciones en este tipo de activos. «Es el camino más fácil» para que un producto financiero se vuelva global. Incluso ya hay emisores que ofrecen el cashback en cripto.

Pagos agénticos: ya ocurren, falta resolver quién responde.
Sobre el comercio agéntico, Blanco fue directo: «Ya tenemos pagos que fueron iniciados por una inteligencia artificial». Lo que falta antes de masificarlos es definir dónde recaen las responsabilidades, cómo se controla el fraude y qué pasa con los contracargos.
En su visión, la propia tarjeta está en transición: «Las tarjetas ya no van a existir en sí; vamos a hablar de tokens directamente». La IA, añadió, ya se aplica para analizar datos transaccionales que antes nadie revisaba y para procesar información antes de que llegue a los sistemas antifraude.
El crédito cambia de paradigma
Al comparar a Latinoamérica con otras regiones, Blanco reconoció que sistemas de pagos instantáneos como Pix, en Brasil, son una referencia que otros países replican, como Colombia con Bre-B. Pero advirtió que «no te soluciona el tema de crédito».
Ahí ubica el siguiente gran cambio. El crédito, históricamente basado en el buró y el historial, se mueve hacia esquemas más flexibles: líneas que se otorgan transacción por transacción, motores de riesgo alimentados por el comportamiento digital del usuario y modelos con garantía, como el crédito revolvente respaldado por un objeto empeñado, que ya aparecen en México.
La contracara es la morosidad. El directivo reconoció que la facilidad de acceso ha llevado a índices récord, con usuarios muy jóvenes que de pronto pueden pedir adelantos y préstamos. En México, explicó, la inflación y unos salarios que no se actualizan al mismo ritmo empujan la demanda. La salida, a su juicio, pasa por educación financiera y por la intervención de los reguladores.
Lo que sigue: consolidación y regulación
De cara al futuro, Blanco anticipó fusiones entre procesadores para ofrecer productos verdaderamente globales, porque «el requerimiento va a ser global». También prevé que los reguladores de distintos países busquen «ordenar la casa», aunque reconoció el desfase de siempre: «empezamos a regular lo que ya pasó».
Paymenthology, empresa que representa Pedro Blanco cumple cinco años en la región, donde opera en más de 15 mercados y tiene a México como eje de su estrategia, según un comunicado. Para Blanco, sin embargo, lo relevante es lo que viene: crédito, tokenización y stablecoins en un mercado donde las fronteras del pago, al menos en América Latina, empiezan a desaparecer.
