Por Octavio Botella.
El CEO y Cofundador de Finnosummit repasa una década del ecosistema: desde un inicio sin la presencia del regulador, a un sector que hoy permea el retail, la logística y la movilidad, y la promesa que sigue pendiente: la inclusión financiera.

En 2015, cuando Finnosummit organizó su primera edición, todavía había que explicar qué era una Fintech. Los organizadores invitaron al regulador a participar y entonces no se subió a la conversación.
Diez ediciones después, el evento se lleva a cabo en dos días y reúne a miles de personas. En el marco de FINNOSUMMIT 2026, Mundo Fintech conversó con Andrés Fontao, CEO y cofundador del encuentro, sobre lo que cambió en esta década, lo que no se cumplió y lo que viene para el sector en México y Latinoamérica.
De unos cientos a miles de asistentes
«Mucho ha cambiado. Lo podemos ver en el número de asistentes y en su perfil», explica Fontao. En sus inicios, Finnosummit era un evento de un solo día, con unos cuantos cientos de personas: “emprendedores Fintech, que entonces eran pocos, algunos inversores y bancos que se acercaban por curiosidad”.
Era un ecosistema que apenas nacía. La Ley Fintech en México llegaría hasta 2018, y aquella primera invitación al regulador, lo ilustra bien. «Posiblemente no había interés. Posiblemente no había conocimiento. O sí lo había, pero no había apetito por demostrar una posición clara todavía», reflexiona. Y aclara: «No lo digo en plan crítico. Esa era la situación en ese momento».
Hoy el panorama es otro. Además de bancos, Fintech e inversores, el evento convoca a empresas tecnológicas que sirven a una industria ya consolidada y a ejecutivos de sectores adyacentes como retail, seguros, transporte, logística y movilidad, donde lo Fintech ya está permeando.
Fintech más allá de lo financiero
Para explicar qué sectores están entrando con más fuerza al ecosistema, Fontao recurre a un ejemplo. Recuerda haber escuchado hace unos seis meses, en una entrevista en la radio de Bloomberg, al CFO global del Marketplace más grande de Latam, decir que aspiraba a convertir a la compañía en el banco digital más grande de Latinoamérica.
El retail lidera esta tendencia, tanto en su versión digital, con plataformas como Mercado Libre o Rappi, como en el comercio físico tradicional. «Aquí en México hay ejemplos como Walmart u Oxxo, que aspiran a ser también Fintechs y bancos digitales», señala.
La clave, según Fontao, no es solo la infraestructura sino los ecosistemas. «Estas empresas, digitales o físicas, tienen ecosistemas compuestos por clientes, empleados y proveedores, y todos comparten necesidades de servicios financieros: para pagar, para ahorrar, para acceder al crédito». La tecnología Fintech funciona como una capa que les permite embeber productos financieros y distribuirlos entre millones de personas.
¿Está cambiando entonces la forma de distribuir el producto financiero? «Exacto», responde sin dudar.
Seguridad: una vieja obligación frente a nuevas amenazas
Inteligencia artificial y seguridad fueron dos de los temas que dominaron los paneles de la 10ª. Edición Finnosummit. Sobre el segundo, Fontao propone empezar por otra palabra: confianza.
«La banca nace siempre de la confianza, con la necesidad y la obligación de salvaguardar el patrimonio de las personas, de los negocios y de las familias», afirma. Por eso, sostiene, la preocupación por la seguridad no es nueva ni nace con la tecnología. Ya estaba en los guardias de las sucursales y en los camiones blindados que transportan dinero.
Lo que sí ha cambiado es la sofisticación del fraude. «Para las empresas tecnológicas que brindan servicios financieros está la obligación de adelantarse al criminal, y eso requiere más y nuevas capas de seguridad». Para Fontao, se trata de la evolución natural de una industria que debe proteger a sus usuarios en cada nuevo canal por el que distribuye sus servicios.

IA agéntica: eficiencia, sí, pero con toque humano.
En materia de inteligencia artificial, Fontao ve en la atención al cliente uno de los casos de uso más realistas a corto plazo: agentes capaces de atender a los usuarios de forma oportuna y más personalizada. Pero insiste en que su construcción debe incluir capas de seguridad y de confianza.
Para ilustrarlo, recuerda a tres microempresarias mexicanas que participaron en la edición del año pasado. Una de ellas fue tajante: «A mí que no me llame ningún robot ofreciéndome un crédito. Yo quiero hablar con personas, aunque no les vea la cara». La lección, para Fontao, es clara: «Cualquier solución debe construirse pensando en generar confianza, cercanía y el toque más humano posible».
¿Y cuando los agentes pasen de conversar a ejecutar operaciones y transacciones? Fontao cree que la tecnología agéntica podrá resolver ese tipo de tareas, pero advierte que la responsabilidad recae en quienes la desarrollan. «Deben asegurar que se hace con ética y con gobernanza», dice, y añade otra preocupación: “que estos sistemas no discriminen… aunque hace falta todavía mucho recorrido para perfeccionarlo».
Regulación al ritmo de la innovación
La tecnología avanza más rápido que la legislación y Fontao lo tiene claro desde hace años. «Lo he dicho desde 2018: la regulación no debe ser estática. Debería avanzar al ritmo y al son de la tecnología, de la innovación y de las exigencias de los usuarios«. En un mundo ideal, reconoce, la regulación se adelantaría a la tecnología, aunque no cree que eso ocurra en ningún país.
La buena noticia es que en México ya se empieza a hablar de una Fintech 2.0. Se han identificado brechas donde los patrones de uso han cambiado y la regulación debe adaptarse, siempre de forma controlada, regulada y supervisada. «Esperamos que los gobiernos aprendan a ser más ágiles para diseñar, desarrollar e implementar nuevos y mejores marcos regulatorios«.
¿Cómo puede un legislador conocer el mercado tan bien como una empresa que conoce a sus clientes a través del análisis de la data? Ahí, explica Fontao, entran en juego asociaciones como Fintech México, que consolidan las necesidades del sector y funcionan como una voz unificada ante el regulador. La fórmula, resume, es el diálogo: «Asegurarse de que las personas correctas están sentadas a la mesa compartiendo la data y las evidencias que respaldan la necesidad de cambiar el marco regulatorio«.
La promesa pendiente: inclusión financiera
Al mirar hacia atrás, Fontao no esquiva la autocrítica. ¿Qué predicción de hace diez años no se cumplió? «La erradicación de la exclusión financiera«, responde. Muchos proyectos Fintech nacieron con el sueño de llevar servicios financieros a millones de personas desatendidas por la banca tradicional, pero esa brecha no se ha reducido lo suficiente para hablar de un impacto real.
«Éramos ilusos hace diez años al pensar que este cambio se iba a dar de forma tan acelerada«, admite. La brecha, además, no es solo de acceso, sino también cultural: entender a cada mercado, su idioma y sus necesidades sigue siendo un reto para toda la industria.
Aun así, Fontao mira la próxima década con optimismo. «Los primeros diez años han sido de sembrar, y los próximos diez van a ser de cosechar. Ahí es donde vamos a empezar a ver impacto y a achicar esa brecha de exclusión financiera en México y en Latinoamérica«.